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jueves, 29 de octubre de 2015

EL AUTOCONCEPTO EN EL INFANTIL

El autoconcepto se crea en el seno de la interacción con los demás. Es por eso que nuestra opinión, nuestras palabras y sobre todo actitudes van a tener un papel clave en el desarrollo de la confianza en los niños y niñas.
Los niños y las niñas van a crear la opinión que tienen de sí mismo basándose en las valoraciones externas, y sobre todo en cómo interpretan esas valoraciones y en cómo se sienten con las mismas. En muchas ocasiones podemos hacer comentarios, e incluso desarrollar actitudes, que para nosotros pasen desapercibidas que sean interpretadas por el niño o niña de un modo especifico.
Las personas cercanas al niño o niña tenemos un peso importante en el desarrollo de la confianza. Veamos cómo podemos favorecer su desarrollo:
Trucos para desarrollar la confianza en sí mismo
  1. Evita juzgar, etiquetar o criticar al niño o niña. Corrige su conducta, si es necesario pero evita criticar a la persona.
  2. Presta atención a su manera de interpretar tus comentarios y/o actitudes, en ocasiones no nos damos cuenta de cómo éstos les pueden estar afectando.
  3. Apórtale una imagen ajustada de sí mismo, es fundamental que el pequeño se conozca.
  4. No le transmitas miedos, demuéstrale que confías en él o ella. Recuerda que si tú crees en ellos, ellos creerán en sí mismos.
  5. Trabaja tu propia confianza, muéstrales la imagen de una persona segura de sí misma y la tomaran como modelo.
  6. Deja que se enfrenten a retos y que los superen. Es importante que sean retos que supongan un desafío y al mismo tiempo que puedan ser asequibles por ellos.
  7. Cuidado con la sobreprotección. Si no les dejamos que lo hagan por sí mismos, nunca podrán comprobar que pueden.
  8. Enséñales estrategias para resolver sus problemas pero deja que se enfrenten a ellos.
  9. Aunque temas por ellos, evita transmitirles ese miedo.
  10. Apóyales en su camino.
Celia Rodríguez Ruiz
Psicóloga y Pedagoga


lunes, 9 de febrero de 2015

Escuela de padres : resolución de conflictos.




Buenas tardes, os dejamos con un artículo muy interesante sobre la resolución de conflictos. 

Un saludo.


Es bueno que los niños desde la edad preescolar comiencen a solucionar problemas del día a día que les ayude a ser más autónomos y a pensar en alternativas para llegar a un determinado objetivo. La resolución de problemas en la infancia es esencial para evitar la sobreprotección que muchas veces generamos los adultos sobre los niños (pensando que no son capaces de tomar algunas decisiones adaptadas a sus posibilidades), al igual que es muy positiva para aumentar su autoestima y la confianza en sí mismos. Autores como Shure y Spivack estudiaron la importancia de enseñar a los niños a solucionar problemas cotidianos, ya que, además de todo lo anterior, fomenta las habilidades interpersonales en los niños y reduce la impulsividad. Pero, ¿cómo se hace?

 

Antes de los cuatro años, los niños no son capaces de ponerse en el lugar de las otras personas. Creen que 
todo el mundo siente y piensa como ellos. Hasta los cuatro años de edad no adquieren esta facultad denominada "Teoría de la mente". Pero antes de esta edad y, por supuesto, después de los cuatro años, podemos, y es muy recomendable, trabajar técnicas de solución de problemas con los niños, que les ayude a entender las emociones propias y ajenas.

Estos autores desarrollaron una técnica de solución de problemas eficiente para desarrollar las habilidades de los niños entre uno y seis años para pensar y resolver problemas de la vida diaria. La técnica consta de tres fases:

1- Enseñar a los niños palabras y frases cortas que les ayude en su día a día a resolver pequeños problemas (un niño le quita un juguete, le han pegado, necesita algo, quiere ir al baño...). Frases cortas y palabras sencillas le ayudarán a memorizarlas y poderlas reproducir ante el problema. Por ejemplo, "no me gusta", "quiero...", "necesito...".

2- Se generan conversaciones con el niño con el apoyo de dibujos, películas o juguetes que le gusten para enseñarle que otros niños o los adultos sentimos y pensamos de forma diferente los unos de los otros. Le podremos decir que la mejor forma de fijarnos en cómo se sienten o qué les gusta a los otros es mirar qué hacen, escuchar lo que dicen y preguntándoles. Debatiendo con él a la par que jugando conseguimos que empiece a entender que los demás pueden sentir, actuar y pensar de forma diferente a nosotros o entre ellos.

3- A través de dibujos o muñecos podemos representar las situaciones que él debería resolver en su vida diaria. De esta forma, busca la solución del problema de su muñeco (que es el mismo que podría tener él), busca opciones, alternativas hasta que llega a la solución de aquello que necesita resolver por sí mismo. Para ello, nosotros tendremos que jugar con él/ella y exponer las diferentes opciones que se va a encontrar en la vida diaria.

Una vez realizadas estas fases, os recomiendo que practiquéis en la vida real las soluciones que el niño ha encontrado en el juego.

lunes, 12 de mayo de 2014

Escuela de padres-El desarrollo del talento

Buenas tardes. Os dejamos con un nuevo artículo de nuestra Escuela de Padres. 
En esta ocasión, sobre el desarrollo del talento en edades tempranas.


 
Aquí tenéis el enlace web: 

 http://www.desarrollodeltalento.com/2014/16-recursos-para-motivar-a-los-ninos


Esperamos y deseamos que sea de vuestro agrado.
¡Un saludo!

miércoles, 23 de abril de 2014

Escuela de Padres- ¡Quién manda aquí!



Buenas tardes, os dejamos con un extracto muy interesante acerca de la educación de la disciplina en edades tempranas.

El libro en cuestión se titula ¡Quién manda aquí (educar a los hijos con una disciplina coherente y efectiva)! (Nora Rodríguez. Editorial Juventud), por si algunos de vosotros/as desea completar su lectura.

 

 

Esperamos que sea de vuestro agrado.

Un saludo.



EL DECÁLOGO ANTE LAS RABIETAS FRECUENTES.


¿Tiene vuestro hijo rabietas frecuentes?  Si es así es importante, antes de actuar, que los padres busquen la verdadera razón de ese comportamiento, es decir, si lo hace como una vía de escape para expresar su angustia, si se trata de un modo de poner a prueba vuestra falta de firmeza, o si con ello busca protagonismo. Sin duda, infundirle más ansiedad esperando que se comporte como lo que no es, es decir como un niño mayor o una persona diferente sólo agrava las cosas. Una rabieta de tanto en tanto no es preocupante, porque es el único modo que tiene un niño de expresar las emociones negativas, así que no hay por qué impedírselo mientras no se haga daño a sí mismo ni se lo haga a otros. Sin embargo, cuando esta conducta es reiterada, puede tratarse de que él crea que ésa es la única forma que tiene de conseguir lo que quiere, ya se trate de caprichos o de un poco más de atención y afecto. En cualquier caso, éste es el decálogo frente a una rabieta…
1.    No gritar o ponerse más nervioso que el niño. Si no os resulta posible disminuir los estímulos que lo excitan, no reaccionéis impulsivamente para consolarlo o castigarlo, ya que esto no resuelve nada y tampoco les enseña a tolerar la frustración. Lo mejor es mantener una actitud serena y una expresión neutral. Recordad que ellos necesitan de esa descarga y que el único comportamiento que se modifica al expresar la rabia es el de ellos, no el tuyo.
2.   Averiguar la causa real(cansancio, hambre, rebeldía, frustración…). Es decir, averiguad si vuestro hijo está utilizando el viejo truco del llanto y los gritos para salirse con la suya, si no encuentra un modo más adecuado de lograr sus objetivos, si está imitando la actitud de otro adulto que estaba enojado en aquel momento, si está actuando así porque rechaza la situación en la que está inmerso o si se trata de varias cosas a la vez.
3.   No le deis lo que pide con su mal comportamiento. Manteneos firmes. Recordad que a esta edad hará lo que esté en sus manos para no aprender que sus actos tienen consecuencias.
4.   No intentéis explicarle o convencerlo de que eso que está haciendo está mal, sólo manifestad vuestro desacuerdo utilizando el lenguaje no verbal. Por ejemplo, poniéndoos serios, cruzando los brazos y en actitud de espera.
5.   Si lo consideráis oportuno, distraedlo llevándolo a un lugar apartado y sentadlo en el suelo hasta que se calme.
6.   Prohibido utilizar cualquier tipo de violencia física.
7.   No dejéis que la gente tome partido por vuestro hijo poniéndose en contra vuestra con expresiones como:”pobrecito”.
8.   Nunca prometáis en vano. Por ejemplo diciéndole: “si te portas bien te compraré…”.
9.   No lo comparéis con otros niños que , a tu juicio, se comportan mejor, hermanos, primos…
10.               Enseñadle  las ventajas de estar tranquilo cuando lo logre.


LO QUE NUNCA HAY QUE HACER SI SE QUIERE LOGRAR UNA DISCIPLINA QUE LOS AYUDE A CRECER.

·        Utilizar frases que comienzan con palabras como siempre, nunca, jamás. Este tipo de tratos tienen connotaciones de hostilidad, reproches, humillación por parte de quien las pronuncia y , como consecuencia, provocan falta de interés y escasa cooperación por parte de los niños.
·        Usar comparaciones con fines peyorativos. Vuestro hijo no sólo se sentirá extremadamente denigrado y avergonzado porque vosotros sois una imagen de autoridad no sólo ahora sino en el futuro.
·        Halagar y denigrar su persona( ¡eres genial!¡eres lo peor!). Ambas cualidades dichas por los padres o personas con autoridad los hace sentir culpables debido a que no saben cuándo serán aceptados y amados y cuándo no…
·        Compararlo con hermanos o con cualquier otro niño. En estos casos, los niños no sólo se perciben como seres inferiores sino que pueden transformase en víctimas y sentir celos incontrolados de aquel con quien se le compara.
·        Valerte de errores del pasado para hacer ver que tienes razón( yo te lo dije, sabía que te pasaría tal cosa…;o no te acuerdas aquella vez que…). Mediante esta forma sutil de educar vuestro hijo para que no cometa los mismos errores lo único que hacéis es sacar vuestra  cólera por no estar de acuerdo con él.
·        Disimular el enfado o la ira tras una máscara de falsa comprensión. Si estáis enojados con vuestro hijo, él debe saberlo. Decirlo de otro modo es para ellos humillante.
·        Dar órdenes a los niños o decirles cómo tienen que actuar cuando manifiestan sus sentimientos, impidiendo que piensen por sí mismos y que aprendan de su propia experiencia. Este tipo de trato los invalida como personas.
·        Obstinarse en querer tener razón más que ayudar a crecer al niño. Para vuestro hijo es más importante que vosotros y él seáis felices.
·        Competir con el hijo para ver quién tiene más poder.
·        Mostrar impaciencia o preocupación por las obligaciones más que por lo que a él le sucede como persona. Frases del tipo:”ahora déjame, que estoy ocupada…” le harán sentir que para él no tiene ningún valor.
·        Exigirle que se comporte como lo haría un adulto.
·        Dar pautas de comportamiento según vuestro estado de ánimo. Las pautas ansiosas por parte de los adultos refuerzan las conductas inaceptables.
·        Esperar que vuestro hijo haga cien veces algo mal para imponer orden. Él no comprenderá por qué antes sí se lo permitías y ahora no. Dejar para mañana la enseñanza de un límite es tan destructivo como amenazar ya que esto produce resistencia a los cambios. Los padres que dan una segunda, tercera, décima oportunidad antes de entrar en acción no son tomados en serio por sus hijos, incluso si son pequeños.
·        No decir con claridad qué conducta ha causado vuestro enfado. Aunque no es conveniente que éste dure mucho tiempo, ya que entonces vuestro hijo podría sentirse culpable, es importante que sepa exactamente qué cosa os ha hecho enfadar.
·        Discutir con él. Si es pequeño tal vez no comprenda el significado de vuestras palabras, pero si le miráis a los ojos y le habláis con voz firme sabrá de inmediato que algo no va del todo bien.
·        Juzgarlo por algo que no ha hecho como vosotros esperabais. Pensad que un niño no es desordenado porque después de pintar ha dejado los papeles y los lápices de colores en medio del suelo. No todos concebimos del mismo modo el desorden y puede que tu hijo no lo vea como vosotros, en especial porque los niños son creativos por naturaleza y la creatividad muchas veces está reñida con el concepto general que se tienen de pulcritud. En todo caso, enseñadle cuáles son los beneficios de vuestro punto de vista.

domingo, 6 de abril de 2014

Escuela de Padres-Sobreprotección hacia nuestros hijos

Buenas tardes. 

Os dejamos con un artículo sobre la sobreprotección hacia los niños/as en la etapa de 3-6 años. El por qué se sobreprotegen, la relación que se tiene al respecto, ejemplos de sobreprotección, etc.

Esperamos que sea de vuestro agrado. Un saludo.



                           

 Sobreprotección hacia nuestros hijos

LA RELACIÓN CON NUESTROS HIJOS

Desde que nacen nuestros hijos, los padres establecemos con ellos un vínculo emocional que nos une de manera especial. Este lazo lo complementamos con la educación que les damos, pero muchas veces lo primero restringe lo segundo, o al revés. Los padres sabemos que sobreproteger no es educar, pero ¿dónde está el límite? La dificultad de establecer este límite entre la educación y la sobreprotección puede presentarse, por un lado, a la hora de darles todo lo que nos piden en compensación por el poco tiempo que pasamos con ellos; por el otro, cuando evitamos que sufran cualquier daño físico o emocional por mínimo que sea.
Como hijos nuestros que son, no solemos soportar que los niños y las niñas se enfaden, lloren o pataleen, ya que pensamos que lo están pasando mal. Pero lo que en realidad debemos entender es que son formas de descarga emocional necesaria en cualquier persona y deberíamos permitir que la expresaran a su modo ya que cuando los niños descubren que no soportamos sus rabietas y sus llantos, los utilizan para conseguir lo que quieren y para saltarse los límites establecidos.

¿Por qué les sobreprotegemos?

 Durante los primeros tiempos de su vida los hijos dependen totalmente de los padres, especialmente de la madre. A medida que crecen y se desarrollan, la necesidad de protección y cuidados va disminuyendo. Pero, si bien es lógico que en los primeros años de vida los hijos permanezcan atados a las faldas de la madre, estas ataduras se deben ir soltando gradualmente hasta que, finalmente, el niño se “independiza” y alcanza el llamado destete psicológico. Pero muchos padres tienden a prolongar la satisfacción que implica el hecho de la dependencia. Cuando prevalece esta tendencia, los padres se convierten en sobreprotectores. ¿Por qué?
Algunos padres se sienten totalmente responsables de lo que les pueda ocurrir a sus hijos y tienen miedo de cualquier actividad que haga el niño, ya sea el simple hecho de ir solos por las calles o por cualquier otra circunstancia, por nimia que resulte. Estos padres tienden a resolver por sus hijos todos los problemas que se les presentan. Otros consideran que la vida ya es demasiado dura para los adultos, así que hacen que esta sea un camino de rosas para sus hijos e intentan evitar que sus hijos experimenten emociones como el miedo, la tristeza, etc. Otra razón fundamental de la sobreprotección tiene que ver con “querer que los hijos nos quieran”. Para conseguirlo, actuamos equivocadamente: les compramos demasiadas cosas que no necesitan, tenemos dificultad para decirles “No”, nos tomamos como algo personal expresiones que son producto de meras pataletas infantiles: “Eres una mala madre”, “Ya no te quiero…”, etc. También, a algunos padres y madres que pasan poco tiempo con los hijos, les puede asaltar el sentimiento de culpa y argumentan así un excesivo consentimiento: “En el poco rato que estoy con él, no quiero problemas”.
Según Amelia López, presidenta de la Asociación para la Promoción de los Derechos del Niño y la Prevención del Maltrato Infantil (Apremi), algunas de las causas que explican la sobreprotección son el aumento del materialismo, el descenso de la natalidad o la inestabilidad familiar que provoca en familias separadas el intercambio de regalos por afecto. Los expertos indican que todas estas formas de actuar convierten a nuestros hijos en sujetos pasivos, indefensos e inútiles para valerse por sí mismos.
La dependencia de los padres

Los padres también debemos emanciparnos, desarrollarnos y potenciarnos a nivel de pareja e individualmente. Pero esto debemos hacerlo antes de que nuestros hijos se vayan de casa. Poco a poco, debemos dejar de preocuparnos tanto por lo que les ocurre a nuestros hijos, sin renunciar a la relación familiar. Conforme los hijos van creciendo, esta tarea se hace más complicada debido a que el niño va adquiriendo destrezas sin tener conocimiento del peligro que puede correr haciendo muchas cosas por su cuenta. Aquí van surgiendo los primeros problemas familiares acerca del control de la independencia de los hijos.
La cuestión no está en educar bien o mal a un hijo. Los padres queremos a nuestros hijos y deseamos su felicidad, pero hay que saber diferenciar si lo que intentamos conseguir es la felicidad del hijo o la nuestra. En este sentido, la sobreprotección hacia nuestros hijos es muchas veces debida a alguna de las siguientes causas:
- Apoyar nuestra baja autoestima demostrándonos que podemos ser un buen padre o una buena madre.
- Compensar las limitaciones que sufrimos en nuestra niñez. – Aliviar nuestras propias frustraciones evitándoles cualquier dolor.
- Compensar la ausencia del otro padre.
- Compensar nuestra propia ausencia debido al poco tiempo que estamos en casa por motivos laborales.
 - Evitar las rabietas del niño.
Hay que saber hasta qué punto un padre puede meterse en la vida de un hijo, averiguar cuándo le debe prestar ayuda y cuándo dejar que sea él solo el que se saque “las castañas del fuego”. Es doloroso ver a un hijo en una situación difícil, pero tenemos que comprender que un hijo debe crecer y lograr su autonomía.
Los padres también debemos emanciparnos, desarrollarnos y potenciarnos a nivel de pareja e individualmente sin esperar a que los hijos se vayan de casa.

Algunos ejemplos de sobreprotección

José Luís Martínez Núñez, psicólogo clínico, explica que existen muchos padres sobreprotectores que sólo generan una gran dependencia de los hijos para con ellos e irresponsabilidades por parte de los niños. “Anteriormente reprendían excesivamente a los niños con comentarios como ‘esto es lo que tienes que hacer’. En cambio ahora, los padres se han ido hasta el otro extremo”. En los últimos años se ha pasado de la rigidez tremenda hasta ser demasiado condescendientes, y esto sucede porque no se ha encontrado el equilibrio entre ser firmes y a la vez afectuosos.
Las consecuencias de la sobreprotección pueden ser muy negativas. A continuación, reproducimos dos ejemplos reales y cada vez más habituales:
Ejemplo 1: un niño de unos ocho años se acerca a una mochila en un centro comercial y le arranca un elemento decorativo. El dependiente le llama la atención y le pide que se lo devuelva. El niño acude a su padre diciendo que el empleado le ha maltratado. Acto seguido, el padre se encara con el dependiente y le desautoriza de malos modos, en público y delante de su hijo. ¿Qué aprende este niño? Que su padre le defenderá aunque se comporte mal. Es decir, que portarse mal no tiene consecuencias y, por lo tanto, no está mal.
Ejemplo 2: un padre es juzgado por abofetear a un profesor. La razón: el docente había amonestado a su hija porque no quería entrar en clase tras el recreo. El padre no acude al juicio. El profesor no pide sanción: sólo quería que el progenitor le pidiera disculpas delante de su hija, para que ésta supiera la diferencia entre un comportamiento correcto y otro incorrecto. Pero no hay disculpas y el profesor ha cambiado de colegio. La niña sigue en el centro.
Muchos son los indicadores que pueden servirnos de ayuda a la hora de pensar si no les protegemos en exceso, algunos de los más evidentes son:
  • Observar si cuando cometen algún error o tienen algún tropiezo tendemos a disculparles y proyectamos su responsabilidad en compañeros y maestros, o bien si hablamos con ellos de sus conductas y sus resultados.
  • Analizar si tendemos a evitarles situaciones que pensamos pueden resultarles conflictivas o difíciles de resolver o, si por el contrario, procuramos prepararles para ellas.
  • Ver si nos anticipamos a sus demandas procurándoles a menudo lo que aún no han pedido, como juguetes, golosinas, distracciones, etc.
  • Pensar si estamos fomentando en ellos conductas más infantiles de las que corresponden a su edad porque quizá nos resulta difícil aceptar que están creciendo.
Una relación padres-hijos basada en la sobreprotección tiene más efectos negativos que positivos ya que a los niños les costará mucho llegar a alcanzar su madurez.
Además, impedir que un niño aprenda por sí mismo y responda espontáneamente a las situaciones que surjan a lo largo de su proceso evolutivo puede provocar:

  • La disminución en su seguridad personal.
  • Serias dificultades a la hora de tolerar las frustraciones y los desengaños.
  • Un mayor apego hacia sus padres que más adelante puede generalizarse en cualquier tipo de conducta dependiente.
  • Niños insaciables que no saben valorar nada de lo que tienen y que más que desear las cosas las piden de una forma compulsiva y sin sentido.
  • Un retraimiento o inhibición en su conducta que dificultará sus relaciones sociales: no les gusta ir de campamentos, les cuesta jugar o conversar con otros niños de su edad, no pueden afrontar situaciones nuevas.
Por tanto, si no queremos convertir a nuestros hijos en criaturas inseguras, inhibidas y dependientes, hemos de prestar atención a su desarrollo evolutivo para saber qué podemos exigirles que hagan por sí solos.
En cualquier caso, hay que ser conscientes de que van creciendo y deben ir separándose – como nosotros de ellos – para conseguir una identidad propia.